La biodiversidad global atraviesa una crisis silenciosa. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de 47 mil especies están actualmente en peligro de extinción. Esto representa el 28% de las más de 166 mil especies que la organización ha evaluado hasta hoy.
Aunque parezca mucho, es solo una fracción de la vida en el planeta. Se estima que existen entre 8 y 10 millones de especies en total. Eso significa que lo que no hemos evaluado podría esconder un panorama aún más alarmante.
Uno de los grupos más subestimados en esta crisis son los hongos, organismos esenciales para el equilibrio de los ecosistemas. En su reciente actualización, la UICN reveló que ha evaluado 1,300 especies de hongos, de las cuales 411 ya están amenazadas.
Las causas son múltiples: la expansión agrícola y urbana, la contaminación por fertilizantes y motores, la deforestación, la tala ilegal y el cambio climático, especialmente por incendios y pérdida de bosques. Estas amenazas destruyen los hábitats donde los hongos cumplen funciones clave.
Porque sí: los hongos no son secundarios. Son fundamentales para retener agua, nutrir los suelos, ayudar a los árboles a absorber nutrientes, defenderse de plagas y almacenar carbono. Son la infraestructura invisible que sostiene la vida tal como la conocemos.
Perderlos significa perder la capacidad de los ecosistemas para recuperarse, adaptarse y sostenernos.
La crisis de extinción no es solo sobre especies carismáticas. También es sobre aquellas que trabajan en silencio bajo nuestros pies.